Un corazón humilde delante de Dios
Jesús contó una parábola para mostrar dos maneras muy diferentes de acercarse a Dios en oración. La historia comienza con dos hombres que suben al templo a orar. El primero era un fariseo, miembro de un grupo religioso conocido por su estricta observancia de la ley. El segundo era un recaudador de impuestos, una profesión despreciada por el pueblo, ya que muchos de ellos eran conocidos por abusar de su posición. Ambos hombres estaban en el mismo lugar y, aparentemente, haciendo lo mismo: orando. Sin embargo, sus corazones eran completamente distintos. El fariseo oraba con orgullo. En lugar de pedir misericordia, enumeraba sus buenas obras y se comparaba con los demás. Su oración no expresaba la necesidad de Dios, sino la confianza en su propia justicia. En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia. Ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo. Sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” (...