Permanecer en la vid
La noche antes de su crucifixión, Jesús pasó tiempo con sus discípulos preparándolos para lo que estaba por venir. Sabía que pronto ya no lo verían físicamente y, por eso, les dejó una enseñanza sencilla pero profunda sobre cómo vivir después de su partida. Jesús usó una imagen que ellos conocían muy bien: la vid y las ramas. Entonces declaró: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:5, NVI). La clave de la vida espiritual no es el esfuerzo humano, sino la conexión con Cristo. Una rama no produce fruto por sí misma. No se esfuerza por crear vida. Simplemente permanece unida a la vid, y la vida fluye naturalmente a través de ella. De la misma manera, la oración no es solo una disciplina religiosa; es el lugar donde permanecemos conectados con Jesús. Cuando oramos, permanecemos. Cuando permanecemos, recibimos vida. Y cuando recibimos vida, el fruto comienza a...