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¿Qué dice la Biblia acerca de jugar a la lotería?

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La palabra  apostar  significa «arriesgar algo de valor con un resultado que depende del azar». Dado que el resultado de una lotería «depende del azar» y jugarla implica «riesgo», entonces, por definición, jugar a la lotería es apostar. La Biblia no tiene ejemplos de lotería, pero sí contiene casos de  juegos de azar  : la apuesta de Sansón en  Jueces 14:12  y la apuesta de los soldados sobre las vestiduras de Jesús en  Marcos 15:24  . En ninguno de los casos se presenta el juego de azar de forma positiva. La Biblia también menciona el echar suertes para tomar decisiones (  Josué 18:10  ;  Nehemías 10:34  ). Y  Proverbios 16:33  enfatiza la soberanía de Dios: "La suerte se echa en el regazo, pero de Jehová viene la decisión". Pero el propósito bíblico de echar suertes no era probar la suerte ni ganar riqueza material. El propósito principal de jugar a la lotería es ganar dinero, y la Biblia nos dice cuál debería se...

Los elegidos

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Nunca olvidaré la tarde en que sucedió. Yo estaba de pie en una esquina de Jerusalén mientras el sol se ponía en el horizonte, pintando las piedras blancas de ese tono dorado tan característico de Jerusalén. Se acercaba el  Shabat  (sábado) y, con él, el silencio sagrado que envuelve la ciudad cada viernes por la tarde. En ese momento lo vi. Un padre, envuelto en su manto de oración, se dirigía hacia la sinagoga. Dos niñas pequeñas con sus vestidos de  Shabat  caminaban alegremente a su lado. Una escena normal antes del inicio de  Shabat.  Pero, aquel padre llevaba un rifle de asalto colgado despreocupadamente de su hombro. La imagen me dejó helada: un manto de oración ondeando al viento, las coletas de las niñas balanceándose de un lado a otro y un rifle de asalto. En ese instante, oí el susurro de Dios: "Ese es el precio de ser elegido, Ilse". Un honor peligroso A lo largo de las generaciones, los judíos han sido conocidos como el “Pueblo Elegido”, un tít...

Transformando el dolor en propósito

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  ¿Y si tus cicatrices son la voz que otro necesita escuchar? El propósito de Dios no se detiene por la enfermedad; al contrario, puede ser el terreno fértil donde más florezca su plan en tu vida. Cada proceso difícil lleva escondido un propósito: formar carácter y dar testimonio de la fidelidad de Dios. En este último día de nuestro caminar juntos, te invito a que ya no veas más las situaciones que el Señor permite en tu vida como piezas aisladas, sino que al vivir constantemente llenos del Espíritu Santo, el Señor nos regala su visión para poder ver toda circunstancia con un propósito mayor. Es ahí cuando ya no vemos piezas dispersas en desorden, sino que todo lo que quizás conllevó tanto tiempo, incluso años en formarse en tu vida, tan solo fue el propósito de Dios preparándote para este tiempo y el venidero. Observa ejemplos de fe como los de Moisés, José, Pablo, entre tantos otros, que en medio de largos procesos entendieron que nada había sido en vano. El Señor está u...

El perdón no niega la herida...la transforma

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Perdonar no se trata solo de un sentimiento pasajero, sino de una decisión que muchas veces nace en medio del dolor más profundo. Pedir Perdón a Nuestro Padre . Todo comienza con el perdón de nuestro Padre porque de ahí fluye todo lo demás. Pedirle perdón a Dios, ya sea porque en nuestro quebranto muchas veces lo hemos cuestionado, lo hemos culpado en silencio o lo hemos dejado de buscar. Queremos respuestas, pero la rendición sana aún más. Rendirnos ante Él y reconocer que necesitamos su perdón, no es un paso opcional; es el mayor paso de sanidad para que seamos restaurados. Perdonarte a Ti Mismo . Lo más difícil al inicio de la restauración de Dios en mi vida, fue perdonarme a mí misma por haber apartado mi mirada de Él, a pesar de la hermosa relación que teníamos desde mi niñez. Ahí es precisamente donde el enemigo quiere que te quedes, en el suelo del dolor, la culpa y la autocompasión. Cuando eliges perdonarte, reconoces que la Cruz de Cristo ya pagó el precio y que no ere...

¿Cuáles son las promesas de Dios?

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Hay muchísimas promesas de Dios en las Escrituras. En cada promesa, Dios se compromete a que algo se hará (o no), se dará o se cumplirá. Estas no son promesas frívolas y casuales como las que solemos hacer; estas promesas de Dios son compromisos sólidos e inequívocos hechos por Dios mismo. Debido a que Dios es fiel, los receptores de las promesas divinas pueden tener plena seguridad de que lo que Dios ha prometido se cumplirá (  Números 23:19  ). Estas son solo algunas de las promesas que Dios ha hecho: Promesas de Dios en el Antiguo Testamento: Dios prometió bendecir a Abraham y, a través de sus descendientes, al mundo entero (  Génesis 12:2-3  ). Esta promesa, llamada el  Pacto Abrahámico  , apuntaba al Mesías venidero a quien Abraham esperaba (  Juan 8:56  ). Dios prometió a Israel ser su Dios y hacerlos Su pueblo (  Levítico 26:12-13  ). La historia del Antiguo Testamento está repleta de ejemplos de Dios cumpliendo esta promesa. ...

La verdad de Dios será tu escudo y tu baluarte

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El Salmo 91 es un canto de confianza y seguridad en medio del peligro, un recordatorio de que el cuidado de Dios es más fuerte que cualquier amenaza. Entre sus imágenes más profundas está la declaración de que la verdad de Dios será tu escudo y tu baluarte (Salmo 91:4). Estas palabras nos revelan que la protección de Dios no se limita a lo material, sino que tiene como fundamento la firmeza de su verdad. Un escudo en tiempos antiguos era la defensa principal del guerrero. Con él podía detener flechas, espadas y ataques directos. Era su protección inmediata, lo que lo mantenía con vida en la batalla. Llamar a la verdad de Dios “escudo” significa que, cuando los dardos de la mentira, la duda, el miedo o la tentación intentan alcanzarnos, la fidelidad del Señor nos cubre. No luchamos solos, sino resguardados por la Palabra de Aquel que nunca falla. El salmo también añade la imagen del baluarte, que evoca una muralla firme, un muro poderoso que rodea y protege una ciudad. Si el escudo defi...

Dios, Tú eres mi fortaleza…

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El Salmo 91 nos abre una ventana a la experiencia de fe de alguien que ha aprendido a confiar en Dios en medio de la adversidad. Una de sus confesiones más poderosas es: “Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (Salmo 91:2 RVR1960). Aquí encontramos no solo una decidida declaración de dependencia, sino también una poderosa proclamación de victoria. Llamar a Dios “fortaleza” es reconocer que nuestra vida necesita un cimiento firme para resistir las pruebas y superar los conflictos. Una fortaleza es un lugar alto, seguro, construido para proteger a quienes se refugian en ella de los ataques enemigos. En la antigüedad, era símbolo de poder, defensa y seguridad. Así también, Dios se convierte en una muralla extraordinaria y firme que rodea y protege a sus hijos. Frente a la fragilidad humana, la fortaleza divina ofrece firmeza, estabilidad y paz. Cuando el salmista declara: “Tú eres mi fortaleza”, está diciendo que su confianza no se apoya en su propia ...