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Mostrando entradas de agosto, 2019

El Negocio de lo Resquebrajado

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¿Normalmente qué hace cuando algo se descompone o rompe, como un teléfono inteligente, un reloj, un bolígrafo o incluso un automóvil? ¿Intenta repararlo? ¿Lo desecha? ¿O trata de encontrar un reemplazo? Esas son las respuestas comunes, pero recientemente estuve leyendo sobre una mejor manera de reparar posesiones más preciadas, haciéndolas más valiosas. ¿Ha oído hablar de Kintsugi ? También llamado Kintsukuroi , significa «reparación de oro». Es un arte japonés con siglos de antigüedad usado para restaurar la cerámica rota con una laca espolvoreada o mezclada con metales preciosos, como el oro, la plata o el platino. Este proceso se basa en una filosofía que considera la rotura y la reparación como parte de la historia del objeto valorado, en lugar de algo para disfrazarse u olvidarse. En efecto, esto equivale a una celebración del quebrantamiento. Esto me hizo pensar en los episodios de quebrantamiento que experimentamos a lo largo de este viaje que llamamos vida . No import

Un buen Pastor

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He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré...Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil.   Ezequiel 34:11, 15-16 Era verano y estábamos en la montaña con unos amigos. El paisaje era magnífico. Un rebaño de ovejas pacía tranquilamente en un pequeño valle. De repente la calma se vio turbada por algunos adolescentes traviesos que se divertían asustando a las ovejas. El rebaño se trastornó y se dispersó por todos los rincones. Los animales corrían en todas las direcciones. De repente una oveja se desplomó: se había lastimado una pata. Mis amigos intentaron encontrar al pastor, mientras yo me quedé junto a la oveja herida. Una señora se acercó: «¡Pobre animalito! Tendrá que esperar el regreso del pastor esta noche. Espero que no sea muy grave y que sane pronto... Si no logra seguir a la manada, será sacrificada». Quedé

La Vida Fuera de Tu Zonda de Confort

Algunas personas se arriesgan por naturaleza. Son los primeros en probar el paracaidismo o el salto bungee . Al ver el menú de un restaurante, buscan la selección inusual, la mezcla exótica que pocas personas ordenan. En lugar de optar por la seguridad de un trabajo en una compañía establecida, se aventuran por su cuenta sin seguridad de tener éxito, pero están seguros de que no se arrepentirán de seguir en pos de su sueño. Admiro a las personas que son así. Porque he pasado gran parte de mi vida eligiendo lo que me ha parecido como el camino más seguro, frecuentemente lo que ha representado menos desafío y estrés. He tomado decisiones prudentes, cuidadosamente consideradas. Lo he hecho al elegir quedarme con lo que he sentido cómodo y seguro. Sin embargo, muchas de mis experiencias más gratificantes llegaron cuando estuve dispuesto a aventurarme más allá de mi zona de confort. Un orador me recordó esto recientemente cuando habló sobre «la vida al final de la zona de comodidad». E

Una Filosofía a Prueba de Fallas para las Fallas

Seth Godin, consultor, empresario y bloguero de negocios, hizo una pregunta a sus lectores que todos nos hemos hecho en algún momento: «¿Pero qué pasa si falla?». Godin ofreció una respuesta realista a esa siniestra posibilidad: «Tú lo quisiste». Luego hizo una pregunta aún más importante: «Después de que yo falle, ¿entonces qué?». El fracaso es una de las grandes certezas de la vida. No todas las semillas brotan en una planta saludable y fructífera. No todas las decisiones son las correctas. Y no todos los intentos de probar algo diferente, ya sea una empresa comercial, tratar de adquirir una nueva habilidad o incluso comprar un nuevo producto, conducen al éxito. Sin embargo, el fracaso es a menudo una parte del proceso necesario para alcanzar un logro. Como observó Godin: «Si has elegido bien, después de que fracasas estarás un paso más cerca del éxito, serás más sabio y más fuerte, y seguramente serás más respetado por todos aquellos que tienen miedo de intentarlo». La realid