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El perdón no niega la herida...la transforma

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Perdonar no se trata solo de un sentimiento pasajero, sino de una decisión que muchas veces nace en medio del dolor más profundo. Pedir Perdón a Nuestro Padre . Todo comienza con el perdón de nuestro Padre porque de ahí fluye todo lo demás. Pedirle perdón a Dios, ya sea porque en nuestro quebranto muchas veces lo hemos cuestionado, lo hemos culpado en silencio o lo hemos dejado de buscar. Queremos respuestas, pero la rendición sana aún más. Rendirnos ante Él y reconocer que necesitamos su perdón, no es un paso opcional; es el mayor paso de sanidad para que seamos restaurados. Perdonarte a Ti Mismo . Lo más difícil al inicio de la restauración de Dios en mi vida, fue perdonarme a mí misma por haber apartado mi mirada de Él, a pesar de la hermosa relación que teníamos desde mi niñez. Ahí es precisamente donde el enemigo quiere que te quedes, en el suelo del dolor, la culpa y la autocompasión. Cuando eliges perdonarte, reconoces que la Cruz de Cristo ya pagó el precio y que no ere...

¿Cuáles son las promesas de Dios?

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Hay muchísimas promesas de Dios en las Escrituras. En cada promesa, Dios se compromete a que algo se hará (o no), se dará o se cumplirá. Estas no son promesas frívolas y casuales como las que solemos hacer; estas promesas de Dios son compromisos sólidos e inequívocos hechos por Dios mismo. Debido a que Dios es fiel, los receptores de las promesas divinas pueden tener plena seguridad de que lo que Dios ha prometido se cumplirá (  Números 23:19  ). Estas son solo algunas de las promesas que Dios ha hecho: Promesas de Dios en el Antiguo Testamento: Dios prometió bendecir a Abraham y, a través de sus descendientes, al mundo entero (  Génesis 12:2-3  ). Esta promesa, llamada el  Pacto Abrahámico  , apuntaba al Mesías venidero a quien Abraham esperaba (  Juan 8:56  ). Dios prometió a Israel ser su Dios y hacerlos Su pueblo (  Levítico 26:12-13  ). La historia del Antiguo Testamento está repleta de ejemplos de Dios cumpliendo esta promesa. ...

La verdad de Dios será tu escudo y tu baluarte

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El Salmo 91 es un canto de confianza y seguridad en medio del peligro, un recordatorio de que el cuidado de Dios es más fuerte que cualquier amenaza. Entre sus imágenes más profundas está la declaración de que la verdad de Dios será tu escudo y tu baluarte (Salmo 91:4). Estas palabras nos revelan que la protección de Dios no se limita a lo material, sino que tiene como fundamento la firmeza de su verdad. Un escudo en tiempos antiguos era la defensa principal del guerrero. Con él podía detener flechas, espadas y ataques directos. Era su protección inmediata, lo que lo mantenía con vida en la batalla. Llamar a la verdad de Dios “escudo” significa que, cuando los dardos de la mentira, la duda, el miedo o la tentación intentan alcanzarnos, la fidelidad del Señor nos cubre. No luchamos solos, sino resguardados por la Palabra de Aquel que nunca falla. El salmo también añade la imagen del baluarte, que evoca una muralla firme, un muro poderoso que rodea y protege una ciudad. Si el escudo defi...

Dios, Tú eres mi fortaleza…

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El Salmo 91 nos abre una ventana a la experiencia de fe de alguien que ha aprendido a confiar en Dios en medio de la adversidad. Una de sus confesiones más poderosas es: “Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (Salmo 91:2 RVR1960). Aquí encontramos no solo una decidida declaración de dependencia, sino también una poderosa proclamación de victoria. Llamar a Dios “fortaleza” es reconocer que nuestra vida necesita un cimiento firme para resistir las pruebas y superar los conflictos. Una fortaleza es un lugar alto, seguro, construido para proteger a quienes se refugian en ella de los ataques enemigos. En la antigüedad, era símbolo de poder, defensa y seguridad. Así también, Dios se convierte en una muralla extraordinaria y firme que rodea y protege a sus hijos. Frente a la fragilidad humana, la fortaleza divina ofrece firmeza, estabilidad y paz. Cuando el salmista declara: “Tú eres mi fortaleza”, está diciendo que su confianza no se apoya en su propia ...

El que habita al abrigo del Altísimo…

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El Salmo 91 comienza con una declaración de fe, que es al mismo tiempo una invitación y una promesa: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91:1 RVR1960). La palabra “habitar”, tanto en hebreo como en castellano, significa permanecer, hacer morada, descansar sin prisa en un lugar seguro. El salmista no habla de una visita ocasional a la presencia de Dios, sino de un habitar constante en su abrigo, en esa intimidad que se construye por la fe, el amor y la obediencia. El “abrigo del Altísimo” es el espacio donde nuestra fragilidad encuentra protección en la grandeza divina. El contraste es firme y fuerte: vivimos en un mundo lleno de inseguridades y amenazas visibles e invisibles; sin embargo, Dios nos ofrece una sombra protectora que es capaz de superar cualquier refugio humano. La sombra del Omnipotente recuerda a un árbol frondoso que protege del calor abrasador; o puede aludir a las alas de un ave que protegen a sus polluelos. Es una i...

¿Qué dice la Biblia acerca del odio?

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Bíblicamente hablando, hay aspectos positivos y negativos en el odio. Es aceptable odiar aquellas cosas que Dios odia; de hecho, esto es una prueba de que estamos haciendo lo correcto delante de Dios. "Los que amáis a Jehová, aborreced el mal" ( Salmo 97:10a ). De hecho, cuanto más cercano es nuestro caminar con el Señor y más tenemos comunión con Él, más estaremos conscientes del pecado, tanto en el interior como en el exterior. ¿No lloramos y encendemos con enojo cuando el nombre de Dios es calumniado, cuando vemos hipocresía espiritual, cuando vemos incredulidad descarada y comportamiento impío? Cuanto más entendemos los atributos y amamos más el carácter de Dios, más seremos como Él y más odiaremos aquellas cosas que son contrarias a Su palabra y naturaleza. Sin embargo, el odio que es negativo seguramente debe ser el que se dirige contra los demás. El Señor menciona el odio en el sermón del monte: "Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será ...

Cristo vino a deshacer las obras del pecado

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“Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él”. (1 Juan 3:5) Cristo no vino a mejorar al hombre, sino a liberarlo del dominio del pecado. El propósito de la encarnación es claro: deshacer la esclavitud espiritual que el pecado produce. Jesús no solo nos perdona, sino que nos limpia (1 Juan 1:9) y nos hace partícipes de su justicia. En Él, la culpa es removida y el poder del pecado quebrantado. Juan afirma que en Cristo “no hay pecado”, estableciendo el contraste entre la naturaleza caída del hombre y la santidad perfecta del Salvador. La única forma de vencer al pecado es permanecer en Aquel que nunca pecó (Juan 15:4). La victoria no es fruto del esfuerzo moral, sino del poder redentor de Cristo actuando en nosotros día a día. ¿Estás permitiendo que la obra de Cristo opere en ti para deshacer todo hábito o pensamiento que no refleja su santidad? Juan 15:4 Permanezcan en mí y yo en ustedes. Ninguna rama puede dar fruto por sí misma; debe permanecer en la ...