¿Es el Israel moderno parte del plan de Dios?
¿Es el
Israel moderno obra de Dios? Puede parecer algo extraño plantear
esta pregunta a los simpatizantes de Puentes para la Paz en una carta de
enseñanza. Sin embargo, a menudo llamamos a los cristianos de todo el mundo a
reflexionar sobre por qué limitarse a leer las profecías cuando pueden
formar parte de ellas
Este no
es un intento de convencerte del hecho de que el estado judío ocupa un lugar
profundo en los planes y propósitos de Dios, sino más bien de mostrarte
verdades bíblicas que puedas utilizar en tus conversaciones con los demás. Hoy
en día, la Iglesia en su conjunto necesita profundizar en este convencimiento.
Muchos pastores consideran que el Israel moderno es una nación como cualquier
otra, en lugar de una obra de Dios o el cumplimiento de una profecía.
David
Guretzki, presidente y director ejecutivo de la Comunidad Evangélica de Canadá,
escribió recientemente un excelente artículo sobre el auge actual del
antisemitismo. Incluso se refirió a los creyentes como injertados en Israel
(Rom 11:17). Pero, a continuación, escribió: «De hecho, si pudiera insistir
en una corrección interpretativa fundamental —especialmente entre los
cristianos evangélicos— sería la de dejar de equiparar la palabra
"Israel" en la Biblia con el moderno Estado de Israel». Sin
embargo, no ofreció ninguna razón para esta afirmación.
Antes de
examinar los pasajes bíblicos que respaldan una perspectiva distinta a la de
Guretzki, me gustaría compartir algunas observaciones. Si bien la tierra del
antiguo Israel experimentó fluctuaciones demográficas a lo largo de los siglos,
para la época de la ocupación otomana en 1517, se encontraba en gran medida
despoblada, habitada únicamente por unos pocos miles de judíos y unas pocas
decenas de miles de árabes. Este periodo de marcado declive se prolongó durante
varios siglos, lo que hace verdaderamente extraordinario el retorno de ocho
millones de judíos —más de la mitad de la población judía conocida—. Sin duda,
este milagroso regreso al hogar exige algún tipo de explicación. Si esto no
constituye el cumplimiento de la promesa de Dios, ¿qué otra cosa podría ser?
Tras
siglos de paisajes desolados, los desiertos volvieron a florecer una vez más
cuando se estableció el moderno Estado de Israel en 1948. Recordamos la
observación de Mark Twain, que prácticamente hace eco de las palabras del
Deuteronomio 29. Twain escribió sobre sus célebres viajes por la Tierra
Prometida en 1867: «Nunca vimos un ser humano en todo el trayecto... Apenas
había un árbol o un arbusto en ninguna parte. Incluso el olivo y el cactus
—esos fieles amigos de un suelo estéril— casi habían abandonado el país».
Milenios antes de que Twain escribiera “Los inocentes en el
extranjero”, el profeta Isaías profetizó: «El desierto se
regocijará y florecerá como el azafrán» (35:1) cuando el pueblo de Israel
regrese a la Tierra. Si la actual fertilidad de Israel no es el cumplimiento de
la promesa de Dios, ¿qué otra cosa podría ser?
Recientemente
he escuchado la siguiente pregunta: “¿Cómo sabemos que los israelíes son
los descendientes de los israelitas de la Biblia?”. Las respuestas podrían
llenar las
páginas
de un libro. En resumen, la historia post bíblica del pueblo judío ha sido
bien documentada, dado que han sido expulsados de un país tras otro a
causa de su identidad judía. Es más, ¿qué motivaría a personas no judías a
fingir ser judías, cuando la consecuencia es la persecución? Si existe
algún pueblo del que podemos asegurar sus raíces antiguas, ese es el pueblo
judío.
Un
segundo retorno aún mayor
Confieso
que no siempre he visto al pueblo judío de hoy y al Israel moderno como el
cumplimiento de la profecía. Ahora me doy cuenta de que mi formación carecía de
un enfoque en los profetas bíblicos y en el cumplimiento de sus profecías en
nuestros tiempos. Como resultado, siendo un pastor joven, creía que las
promesas bíblicas que hablaban de un reagrupamiento de Israel se referían al
regreso del reino del sur, Judá, tras los setenta años del exilio babilónico.
Hoy escucho a pastores que se hacen eco de esa misma creencia cuando les hablo
sobre cómo el Israel moderno cumple la Palabra de Dios: “Esas Escrituras se
refieren únicamente a Babilonia”.
Sin
embargo, los profetas hablan de otro regreso que es mucho más significativo que
el regreso desde Babilonia. En Isaías 11:11 leemos: «Entonces
acontecerá en aquel día que el Señor ha de recobrar de nuevo con Su mano, por
segunda vez, al remanente de Su pueblo». Podemos observar cómo
el profeta especifica más tarde que este segundo regreso provendrá de los
cuatro rincones del globo, y no solo de Babilonia. «Del oriente
traeré tu descendencia, y del occidente te reuniré. Diré al norte:
“Entrégalos”; y al sur: “No los retengas”. Trae a Mis hijos desde
lejos y a Mis hijas desde los confines de la tierra» (Is
43:5-6).Isaías 11:10 también deja claro que este extraordinario reagrupamiento
servirá como señal para las naciones. Para aquellos que tienen ojos para ver,
servirá como un toque de trompeta que anuncia que Dios está en el trono y está
cumpliendo Sus propósitos divinos.
El
profeta Jeremías va aún más lejos, señalando en dos ocasiones que este regreso
será tan extraordinario que el Éxodo de Egipto palidecerá en comparación. «Por
tanto, vienen días», declara el Señor, «cuando ya no se dirá: “Vive
el Señor, que sacó a los israelitas de la tierra de Egipto”, sino: “Vive
el Señor, que hizo subir a los israelitas de la tierra del norte y de
todos los países adonde los había desterrado”. Porque los haré volver a su
tierra, la cual di a sus padres» (Jer 16:14-15; 23:7-8).
También
debemos examinar el regreso de Babilonia en el año 536 a. C. a través de la
lente de la historia. Tras 70 años de exilio, muchos judíos se habían acomodado
en Babilonia, lo que significó que solo un pequeño número regresó a Jerusalén.
De hecho, aquellos que permanecieron en el exilio comenzaron a regresar solo
cuando surgió la persecución en los tiempos modernos. Aproximadamente 123,000
judíos huyeron de Irak entre 1948 y 1951 a causa de la intensa persecución
islámica. La mayoría de ellos se estableció en Israel, cumpliendo así
finalmente la profecía de Jeremías acerca de un segundo reagrupamiento.
Israel
y Judá
Otra
razón para investigar más allá del exilio babilónico el cumplimiento de la
profecía del reagrupamiento que se encuentra en Jeremías 30:2-3: «Así
dice el Señor, Dios de Israel: “Escribe en un libro todas las palabras que
te he hablado. Porque, vienen días”, declara el Señor, “cuando restauraré
el bienestar de Mi pueblo, Israel y Judá”. El Señor dice: “También
los haré volver a la tierra que di a sus padres y la poseerán”».
Estos
versículos mencionan tanto a Israel como a Judá. Tras el reinado de Salomón,
Israel se dividió en dos reinos. Sabemos que el reino del norte, Israel, fue
dispersado por los asirios en el año 722 a. C., mucho antes de que el reino del
sur, Judá, fuera exiliado a Babilonia. Durante generaciones, a este reino del
norte disperso se le ha denominado como las “diez tribus perdidas”. Sin
embargo, ya no están perdidas. En las últimas décadas, algunas de ellas han
sido identificadas y ahora están regresando a casa. Durante siglos, la
comunidad judía etíope conservó una tradición oral según la cual descendían de
la tribu de Dan, una de las tribus del norte exiliadas en la antigüedad. Israel
ha llevado a cabo extraordinarios esfuerzos para traer a esta comunidad de
regreso a casa.
Otra
historia destacable concierne a la tribu de Manasés. Un grupo de judíos que
residía en el noreste de la India comenzó a escribir al gobierno israelí en la
década de 1970, afirmando descender de Manasés. Se enviaron rabinos a la India
para investigar dicha afirmación, que finalmente resultó ser cierta. En el
transcurso de los últimos quince años, miles de B’nei Menashe —hijos
de Manasés— han regresado a su hogar en Israel. Puentes para la Paz se
enorgullece de haber desempeñado un papel en la asistencia a los miembros de
ambas comunidades para realizar la aliá (inmigrar).
No volver
al exilio nunca más
Hemos
concluido que el prometido reagrupamiento del pueblo judío tiene lugar desde
los cuatro rincones de la tierra, y que incluye tanto a las tribus del reino
del norte de Israel como a las del reino del sur de Judá. Un tercer argumento
en contra de limitar las Escrituras proféticas al regreso desde Babilonia se
encuentra en Amós 9:15: “«Los plantaré en su tierra, y no serán
arrancados jamás de la tierra que les he dado», dice el Señor tu
Dios”.
La
historia demuestra que la mayoría de los judíos fueron desarraigados nuevamente
tras su regreso de Babilonia, y que permanecieron en el exilio durante casi
2,000 años. Esto hace que el regreso que hemos presenciado a lo largo de los
últimos 145 años resulte tan extraordinario. Ten en cuenta que no solo estamos
siendo testigos del reagrupamiento de Israel, sino también de la restauración
de su antigua lengua y de la continuidad de su antigua fe.
Las
palabras de Jesús (Yeshúa) en Lucas 21:24 respaldan la profecía de Amós.
Jesús habló de un desarraigo que seguiría a Su muerte y resurrección, pero con
una fecha de finalización clara: «Caerán a filo de espada y serán llevados
cautivos a todas las naciones. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta
que los tiempos de los gentiles se cumplan» (énfasis añadido). La
condición espiritual del Israel moderno
Otro
factor que impide a algunos creyentes reconocer al Israel moderno como el
Israel de la Biblia es el hecho de que muchos israelíes son seculares y no
religiosos. Esta es una cuestión legítima. Al fin y al cabo, los israelitas
fueron exiliados a causa de su idolatría y su iniquidad.
En
Deuteronomio 30:1-2, Dios promete que traerá de regreso a la nación cuando ésta
recuerde Sus leyes, vuelva a Él y obedezca Su voz en todo cuanto Él ordena.
Esto es algo que puede resultar demasiado condicional. Sin embargo, en Ezequiel
y Zacarías, Dios no necesariamente mantiene este requisito. En Ezequiel 36,
Dios declara claramente que no traerá de regreso al pueblo judío a su hogar por
el propio bien de ellos ni a causa de su justicia, sino por el bien de Su santo
nombre. Su nombre ha sido profanado entre las naciones en las que han sido
dispersados, y Él tiene la intención de santificar Su nombre, para demostrar
que solo Él es el Dios verdadero, plenamente capaz de cumplir Sus promesas.
«“Vindicaré
la santidad de Mi gran nombre profanado entre las naciones, el cual ustedes han
profanado en medio de ellas. Entonces las naciones sabrán que Yo soy
el Señor’, declara el Señor Dios, ‘cuando demuestre Mi santidad entre
ustedes a la vista de ellas. Porque los tomaré de las naciones, los
recogeré de todas las tierras y los llevaré a su propia tierra”» (Ezeq
36:23-24).
¿Significa
esto que la justicia queda de lado? De ninguna manera. Ezequiel profetiza que,
cuando Israel regrese a los montes de Israel, Dios rociará a Su pueblo con agua
limpia, lo purificará de toda impureza, le dará un corazón nuevo y un espíritu
nuevo, y hará que camine según Sus estatutos y obedezca cuidadosamente Sus
normas.
Observamos
esta misma secuencia —el regreso, seguido del arrepentimiento y la
regeneración— en Zacarías. Zacarías 13 enseña claramente que, tras el nuevo
reagrupamiento y después de un ataque por parte de muchas naciones —el cual el
Señor repele—, la nación de Israel en su conjunto entra en un tiempo de
profundo duelo y arrepentimiento. Este será un tiempo tan transcendental que ni
siquiera el esposo y la esposa podrán vivirlo juntos. Una vez más, al igual que
en Ezequiel 36, Dios responde con perdón, purificación y santidad.
«En
aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los
habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza»
(Zac 13:1).
Que
muchos tengan ojos para ver
Vivimos
en los días de Ezequiel 37, cuando los huesos secos se están convirtiendo en
carne. Doy gracias a Dios por abrir mis ojos a lo que Él está haciendo en la
tierra, en mi generación. Demos testimonio a quienes nos rodean —en nuestras
familias, nuestras iglesias y nuestras naciones— de que lo que hoy vemos en
Israel es una demostración del poder y la fidelidad de nuestro Dios. Él está
vindicando su santidad al reunir a su pueblo escogido de regreso a la Tierra
que les prometió hace 4,000 años.
Por Rev.
Don James
Marzo de
2026
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz
Bibliografía
Brown, Francis, S.R. Driver, and Charles A. Briggs. The
Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon. Peabody, MA: Hendrickson
Publishers, 1996.
Holy Bible, New King James Version. Nashville: Thomas Nelson,
1982.
Maimonides, Moses. Mishneh Torah, Hilchot De’ot (Laws
of Character Traits).
Thayer, Joseph Henry. Thayer's Greek-English Lexicon of
the New Testament. Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 1996.
The Babylonian Talmud, Tractate Sotah. Translated by the Soncino Press.

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