El poder de perdonar
El perdón es una decisión, no necesitas tener sentimientos cálidos y agradables antes de perdonar. El poder está disponible tan pronto como lo elijas. Cuando Jesús envió al Espíritu Santo, se nos dio el poder de perdonar incluso las peores ofensas, tienes el poder ahora mismo porque el Espíritu de Dios vive en ti (Romanos 8:11). No tienes que esperar a que pase cierto tiempo. Simplemente decide: Voy a perdonar.
Así que
permítame ofrecerle algunos pasos prácticos para ayudarle a tomar esta
decisión.
El perdón
empieza por admitir, "Me han hecho daño".
Es difícil
admitirlo, sobre todo si te consideras una persona fuerte. Admitir que nos han
hecho daño nos hace sentir vulnerables pero una vez que te armas de valor para
admitir que te han hecho daño, has abierto la puerta para poder perdonar.
El siguiente
paso es admitir cómo te han herido. Tienes que nombrar el daño y la vergüenza;
me traicionaron, me mintieron, me abandonaron, me rechazaron, tienes que
decírtelo en voz alta. Si quieres, puedes usar lo siguiente como ejemplo de lo
que debes decir:
■ Nombre
de la persona traicionó mi confianza y la utilizó para aprovecharse de
mí. Me hizo daño.
■ Nombre
de la persona me mintió y luego dijo mentiras sobre mí. Me hizo daño.
■ Nombre
de la persona traicionó la confianza de mi familia. Hizo daño a mi
familia.
■ Nombre
de la persona me abandonó. La persona que debería haberme protegido me
dejó solo.
Este es un
proceso intenso, así que no recomiendo hacerlo solo. Pídele a un pastor o
consejero profesional que entienda el perdón que te acompañe. Cuando tuve que
perdonar a un pastor que me lastimó, un consejero me ayudó a hacerlo.
Admitir el daño
implica duelo, tenemos que reconocer lo que hemos perdido. Tenemos que expresar
nuestra tristeza por la pérdida, lo cual puede ser doloroso. Por eso muchas
personas deciden que no quieren dar este paso, pero créeme, el coste de
aferrarse al dolor es mucho peor que el dolor temporal de confesarlo y
lamentarlo.
Después de
expresar cómo me lastimó ese pastor y lo que perdí, mi consejera me dijo que
repitiera las formas en que ese pastor me había lastimado, pero me hizo agregar
una declaración final al final: "Pero elijo perdonarle por haberme hecho
daño".
Fue incómodo
volver a decirlo todo en voz alta pero el alivio que sentí fue increíble. Fue
como si recuperara la esperanza y la perspectiva. No era una víctima, estaba
eligiendo perdonar a alguien que me había hecho daño, era mi elección y lo que
es más importante, aceptaba la gracia de Dios para perdonar y eso liberaba paz
en mi vida.
Y luego hay un
último paso: Tienes que recordarte a ti mismo tu decisión. Recuérdatelo cuando
te despiertes, recuérdatelo cuando pienses en lo que hizo esa persona,
recuérdatelo antes de acostarte. Sabrás que has perdonado de verdad cuando
recuerdes la herida y no sientas enojo sino solo paz.
Una de las
formas más rápidas de decidir qué medidas debes tomar para llevar a cabo tu
decisión de perdonar es preguntarte a ti mismo: ¿Cómo respondería a esa persona
si realmente la hubiera perdonado y hubiera dejado ir el dolor completamente?
Entonces hazlo,
y no te sorprendas si encuentras una sensación de paz abrumadora mientras
caminas en el poder del perdón. El perdón siempre conduce a la paz interior,
una paz profunda que va más allá de la comprensión.
Fuente: Santa
Biblia

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