Transformando el dolor en propósito
¿Y si tus cicatrices son la voz que otro necesita escuchar?
El propósito de
Dios no se detiene por la enfermedad; al contrario, puede ser el terreno fértil
donde más florezca su plan en tu vida. Cada proceso difícil lleva escondido un
propósito: formar carácter y dar testimonio de la fidelidad de Dios.
En este último
día de nuestro caminar juntos, te invito a que ya no veas más las situaciones
que el Señor permite en tu vida como piezas aisladas, sino que al vivir
constantemente llenos del Espíritu Santo, el Señor nos regala su visión para
poder ver toda circunstancia con un propósito mayor.
Es ahí cuando ya
no vemos piezas dispersas en desorden, sino que todo lo que quizás conllevó
tanto tiempo, incluso años en formarse en tu vida, tan solo fue el propósito de
Dios preparándote para este tiempo y el venidero.
Observa ejemplos
de fe como los de Moisés, José, Pablo, entre tantos otros, que en medio de
largos procesos entendieron que nada había sido en vano. El Señor está uniendo
todas las piezas en el diseño perfecto de su obra en ti, para la gloria de su
nombre y para que también seas instrumento de restauración para otros.
Una Oración que
Marcó mi Sanidad
El día que
verdaderamente descubrí que había ocurrido una transformación de sanidad en mí,
fue el día en que pude orar de corazón lo siguiente:
“Padre, mi vida
es completamente tuya. Impregna el carácter de Cristo en mí para que pueda
vivir el propósito que tu escribiste de mí desde la eternidad. Seguiré orando
por mi sanidad, creyendo que nada es imposible para ti.
No me conformo
vivir con la enfermedad, sin embargo, he entendido que mientras espero ese
milagro, elijo vivir en gozo y en el centro de tu propósito a lo que me has
llamado; así como lo hizo Pablo también.
Amaré obedecer
tu voluntad, con o sin enfermedad, pues he visto cómo has fortalecido mi
carácter para caminar en tu propósito con firmeza y determinación.
Ahora ya no me
resiento, sino que puedo decir como Job: ¡de oídas te había oído; mas ahora mis
ojos te ven! (Job 42:5). ¡Bendito sea el camino roto que me llevó hasta ti para
conocerte en profundidad! ¡Gracias Señor!”
Quizás esta
oración pueda parecer disruptiva para algunos porque se pudiera percibir que
aceptar la enfermedad es derrota o falta de fe. Yo también lo pensaba hasta que
me tocó cruzar el Jordán de este proceso. Entonces comprendí que...
Solo un
corazón sanado por Dios puede ver y entender el verdadero milagro en medio de
lo que parecía un camino roto y sin esperanza.
Aceptar una
nueva realidad no es rendirse, es afirmar que nuestra identidad no está
definida por la enfermedad, sino por Cristo. Es una de las decisiones de fe más
significativas, que junto a la armadura de Dios, protegerá tu mente y corazón
contra las mentiras del enemigo.
Como hijos,
estamos sentados con Él en lugares celestiales: herederos, respaldados por su
autoridad y llamados a un propósito eterno. Esa autoridad no elimina el dolor
de inmediato, pero nos libra de vivir en derrota y nos permite caminar en gozo,
dar testimonio y cumplir la misión que Dios nos encomendó, con o sin
enfermedad. ¡Aleluya!
Fuente: You
Version

Comentarios
Publicar un comentario