La verdad de Dios será tu escudo y tu baluarte
El Salmo 91 es
un canto de confianza y seguridad en medio del peligro, un recordatorio de que
el cuidado de Dios es más fuerte que cualquier amenaza. Entre sus imágenes más
profundas está la declaración de que la verdad de Dios será tu escudo y tu
baluarte (Salmo 91:4). Estas palabras nos revelan que la protección de Dios no
se limita a lo material, sino que tiene como fundamento la firmeza de su
verdad.
Un escudo en
tiempos antiguos era la defensa principal del guerrero. Con él podía detener
flechas, espadas y ataques directos. Era su protección inmediata, lo que lo
mantenía con vida en la batalla. Llamar a la verdad de Dios “escudo” significa
que, cuando los dardos de la mentira, la duda, el miedo o la tentación intentan
alcanzarnos, la fidelidad del Señor nos cubre. No luchamos solos, sino
resguardados por la Palabra de Aquel que nunca falla.
El salmo también
añade la imagen del baluarte, que evoca una muralla firme, un muro poderoso que
rodea y protege una ciudad. Si el escudo defiende al soldado individual, el
baluarte y las murallas resguardan a toda la comunidad. Así, la verdad de Dios
es tanto nuestra protección personal como nuestra defensa colectiva. Allí
encontramos estabilidad y seguridad.
Pero ¿qué
significa que la verdad de Dios sea nuestro escudo? En primer lugar, se refiere
a su fidelidad. La palabra hebrea usada aquí puede traducirse también como
“lealtad” o “constancia”. Dios es fiel a sus promesas, nunca cambia, nunca se
retracta. Cuando todo lo demás parece incierto, podemos refugiarnos en su
palabra segura. Sus promesas son tan firmes que se convierten en nuestra
defensa frente a las mentiras y los ataques del enemigo.
En segundo
lugar, su verdad nos guarda de la confusión. Vivimos en un mundo saturado de
voces, opiniones y falsedades. A menudo nos sentimos desorientados, sin saber
en qué creer. El salmista nos recuerda que la verdad de Dios es el criterio
seguro, el muro que impide que nos extraviemos. Su Palabra, firme, poderosa,
probada y eterna, es nuestra guía.
En tercer lugar,
su verdad fortalece nuestra fe en medio de la prueba. Cuando enfrentamos “el
terror nocturno” o “la saeta que vuela de día”, podemos recordar que Dios ha
prometido no abandonarnos. Esa certeza se convierte en un escudo interior que
nos libra de la desesperación. La fe no evade ni elimina los peligros, pero nos
permite enfrentarlos a los grandes desafíos de la vida con confianza, porque
sabemos que Dios es fiel.
El escudo y el
baluarte no son símbolos de huida o aislamiento, sino de confianza activa.
Quien descansa en la verdad de Dios puede avanzar sin temor, porque está
protegido por una fuerza mayor que cualquier amenaza. Y en el Nuevo Testamento
se afirma con claridad que esa verdad es Cristo, el Señor, quien dijo: “Yo soy
el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6 RVR1960). En Él se cumplen las
promesas divinas, y en Él encontramos nuestro refugio eterno y seguro.
Así, repetir con
fe que la verdad de Dios será nuestro escudo y baluarte es abrazar la certeza
de que la fidelidad de Dios nos sostiene hoy, nos guarda en medio de la batalla
y nos conducirá finalmente a la victoria.
Oración
Señor que eres
baluarte y refugio, te pedimos que tu poder nos tome de la mano, para reflejar
tu misericordia y para predicar tu amor. Permítenos dar por gracia lo que por
gracia hemos recibido, para poder ayudar a las personas más necesitadas de la
sociedad. En el nombre que es sobre todo nombre, amén.
Fuente:
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