DIOS TE AMA Y TE QUIERE BENDECIR

Si usted quiere recibir a Jesús como su Salvador, puede hacer la siguiente oración con el corazón:

“Jesús, te necesito. Me arrepiento de todos mis pecados y de la vida que he llevado alejado de ti. Te doy gracias porque moriste por mí en la cruz para cargar con el castigo de mis pecados. Creo que tú eres el Hijo de Dios, y ahora te recibo como mi Señor y Salvador, entra en mi corazón y a partir de ahora consagro mi vida a seguirte y obedecerte todos los días de mi vida” AMEN.

Si usted hizo esta oración, usted a aceptado a Jesús en su vida, busque una Iglesia Cristiana donde pueda alimentarse con la palabra de Dios y pueda ser instruido en la sana doctrina de la Biblia.

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).

jueves, 6 de junio de 2013

SALMOS DE ASCENSO GRADUAL


El Salmo 121 es parte de una colección especial de versos bíblicos que se llama los “Salmos de Ascenso Gradual.” Consta de 15 salmos, desde el 120 al 134, cada uno identificado al principio como un salmo a recitarse durante la subida o asenso gradual. La palabra usada en hebreo es “ma’alah,” y describe un movimiento ascendente, como en la subida por una escalinata o un monte. Aparentemente tenían cierta melodía que las familias cantaban durante su peregrinaje y subida hacia Jerusalén.

¿Quién escribió esta colección de salmos de peregrinaje? Las aclaraciones al inicio de los Salmos 122, 124, 131 y 133 dicen que el rey David escribió esos salmos, mientras que su hijo, el rey Salomón, escribió el Salmo 127. Los demás no describen su autoría. Si dichos salmos fueron escritos durante el tiempo del rey David, tienen como 3,000 años. Es asombroso que todavía nos puedan hablar y tocar el corazón hoy día de la misma manera que en aquellos tiempos.

¿Por qué son tan especiales estos salmos que se designan específicamente como “un salmo de ascenso gradual”? ¿Qué tipo de ascenso tendrían en mente los autores? ¿Estarían pensando en un ascenso espiritual en oración; o un ascenso físico por las escalinatas del Templo; o un peregrinaje hacia Jerusalén? ¿Percibirían ese ascenso desde una perspectiva individual o nacional? Parece que la respuesta a esas preguntas es “sí” – a todas ellas.

Importantes en la Adoración: 

Los Salmos de Ascenso Gradual han sido, y continúan siendo, importantes en la adoración tanto para la fe judía como la cristiana. Esta colección de oraciones, poesías y canciones se usa para meditación individual además de adoración colectiva. Durante los tiempos del Templo, los sacerdotes cantaban los Salmos de Ascenso Gradual mientras subían al Templo. Dice en la Mishná (primeros escritos de tradición judía): “Sobre los quince escalones que llegaban hasta la corte de las mujeres, que corresponden a los quince cánticos de ascenso, los levitas se paraban con sus instrumentos musicales y cantaban” (m. Sukkah 5:4-5). Actualmente, selecciones del Salterio (libro de los Salmos) se cantan durante los servicios en muchas iglesias cristianas. Los Salmos de Ascenso Gradual también forman parte del libro judío de oraciones, el Sidur. El Salmo 126 es uno de los salmos recitados en el shabat (sábado) y también durante días especiales de fiesta judía: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, éramos como los que sueñan” (v. 1).

Los judíos memorizaban los Salmos de Ascenso Gradual y los cantaban cuando viajaban desde largas distancias a Jerusalén cada año durante los tres días de peregrinaje del Señor. En Deuteronomio 16:16 dice: “Tres veces al año se presentarán todos tus varones delante del Señor tu Dios en el lugar que Él escoja: en la Fiesta de los Panes sin Levadura, en la Fiesta de las Semanas y en la Fiesta de los Tabernáculos; y no se presentarán con las manos vacías delante del Señor.” Esas fiestas se celebraban a nivel individual delante del Señor, pero también se celebraban colectivamente como expresión de Israel en su totalidad. Las fiestas eran momentos de gran gozo y anticipación a medida que subían para encontrarse con el Señor. La palabra hebrea para ese tipo de fiesta es “moed.” Significa un tiempo o lugar separado como fiesta sagrada. Era una celebración especial en el calendario de Dios que dio a Su pueblo.

La Historia de Ascenso Judío: 

¿Cuándo comenzó el ascenso judío a Jerusalén? Abraham fue el primero de los israelitas en subir a Jerusalén. Dios le dijo que sacrificara a su hijo Isaac en el preciso lugar donde más tarde sería construido el Templo. En Génesis 22:8, Abraham le dijo a Isaac: “Dios proveerá (Yehová Yiré) para sí el cordero para el holocausto, hijo mío.”

Jacob también hizo el ascenso y vio una gran escalera que llegaba hasta el cielo por donde ángeles subían y bajaban. Quedó maravillado por esa visión. En Génesis 28:17, Jacob dijo: “¡Cuán imponente es este lugar! Esto no es más que la casa de Dios [Betel], y ésta es la puerta del cielo.”

Luego el rey David subió a Jerusalén, y fue visitado por el Ángel del Señor. En 2 Samuel 24:24-25 dice que David construyó un altar allí. “...‘ciertamente por precio te lo compraré, pues no ofreceré al Señor mi Dios holocausto que no me cueste nada.’ Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos (570 gramos) de plata. Y allí edificó David un altar al Señor, y ofreció holocaustos y ofrendas de paz. El Señor escuchó la súplica por la tierra y la plaga fue detenida en Israel.” Ese es el mismo sitio donde su hijo, el rey Salomón, eventualmente construyó el Templo.

El Nuevo Testamento nos dice que Yeshúa (Jesús) hizo muchos peregrinajes a Jerusalén. Se crió en Nazaret dentro de una familia judía religiosa. Debieron hacer esa caminata a Jerusalén tres veces al año para las fiestas del Señor. No era un viaje fácil en aquellos días. A un varón joven fuerte y saludable le podría tomar por lo menos dos días, si andaba solo. Pero la gente usualmente viajaba en grupos para protegerse de ladrones, animales salvajes o las inclemencias del tiempo. Un grupo que tuviese niños requería hasta cinco días llegar desde los poblados del norte hasta Jerusalén. Las rutas más comunes medirían entre 90 y 120 millas (144 a 193 kilómetros), dependiendo si pasaban por Samaria o no.

Uno de esos viajes es descrito en el segundo capítulo de Lucas: “Los padres de Jesús acostumbraban ir a Jerusalén todos los años a la fiesta de la Pascua. Y cuando Él cumplió doce años, subieron allá conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran Sus padres, y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un día, y comenzaron a buscar a Jesús entre los familiares y conocidos. Cuando no Lo encontraron, volvieron y Lo buscaron en Jerusalén. Después de tres días Lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas” (Luc. 2:41-46).

El grupo de peregrinos era tan grande en ese viaje que los padres de Jesús no se percataron que no estaba con ellos hasta el final del día. Y luego, cada año, Jesús continuaría haciendo ese peregrinaje por lo menos tres veces al año, como lo ordenó Dios: “Tres veces al año se presentarán todos tus varones delante del Señor DIOS” (Éxodo 23:17). Antes de subir al Templo, cada hombre se sumergía en uno de los varios mikvot (baños rituales) del área para ser purificado (Juan 11:55). Entonces subía la Escalinata del Sur y entraba por las Puertas de Hulda para llegar al Monte del Templo.

El Nuevo Testamento también nos dice que cuando Yeshúa hizo Su entrada triunfal, atravesó la Puerta Dorada o la Puerta Hermosa desde el este, y así subió al Monte del Templo. Muchos gritaron: “¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel” (Juan 12:13). “Hosanna” es una palabra hebrea (hoshi-a-na) usada como saludo o alabanza, pero literalmente significa “¡salva!” o “¡auxilio!” Yeshúa mismo dijo: “...no Me verán más hasta que digan: 'Bendito aquel que viene en el nombre del Señor’” (Mat. 23:39).

La ciudad de Jerusalén (o Sión) era tan importante para Dios que estableció allí a Su pueblo escogido. Ese lugar sería su centro de adoración, y la presencia del Señor se encontraría siempre allí. Dios todavía cela esa ciudad y establecerá la Nueva Jerusalén en el mismo lugar. Los Salmos de Ascenso Gradual ocuparon un lugar central para el pueblo judío y el sacerdocio como medio de recordación, oración, cántico y adoración mientras subían a Jerusalén.

Hagamos el Peregrinaje:

Los cristianos también nos encontramos en un peregrinaje espiritual. El Salmo 84:5-7 describe ese camino individual que hacemos: ¡Cuán bienaventurado es el hombre cuyo poder está en Ti, en cuyo corazón están los caminos a Sión! Pasando por el Valle de Baca (de Lágrimas)lo convierten en manantial, también las lluvias tempranas lo cubren de bendiciones. Van de poder en poder, cada uno de ellos comparece ante Dios en Sión.”

Antes de iniciar el peregrinaje, lea los quince salmos: del 120 al 134. Quizás le parezca mucha lectura, pero esos salmos son cortos, consistiendo de sólo tres a ocho versos cada uno. Dichos Salmos de Ascenso Gradual contienen algunos de los versos más amados, citados orados o cantados de todas las Escrituras. A continuación algunos datos sobresalientes de la colección que le ayudarán en su ascenso.

El Salmo 120 fue escrito por alguien que atravesaba momentos difíciles. El salmista comienza diciendo: “En mi angustia clamé al Señor, y Él me respondió” (v. 1). Aunque el autor estaba desesperado, el pensamiento central del salmo es su fe en Dios. Continúa diciendo: “¡Ay de mí, porque soy peregrino en Mesec, y habito entre las tiendas de Cedar! Demasiado tiempo ha morado mi alma con los que odian la paz” (vs. 5-6). En el mundo actual, a menudo nos encontramos en momentos y situaciones difíciles que retan nuestra fe. También el creyente puede encontrarse bajo persecución e incluso peligro de muerte.

El Salmo 121 comienza con un reconocimiento de que Dios en nuestro ayudador: “Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (vs. 1-2). El salmista dice que Dios continuamente vela sobre Israel: “…No se adormecerá el que te guarda. Jamás se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel” (vs. 3b-4). También dice que Dios continuamente vela por nosotros: “El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (v. 8). La protección especial de Dios está sobre el que crea en Él.

El Salmo 122 habla del gran gozo que sentían los israelitas cuando hacían su peregrinaje al Templo de Jerusalén para juntos adorar y dar gracias a Dios. También nos exhorta a orar por “la paz de Jerusalén.” Cuando oramos por la paz de Jerusalén, procuramos el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre Su ciudad, que incluye un tiempo en el futuro cuando habrá completa paz bajo el reinado del Mesías. Este salmo es como una película de Jerusalén desde tiempos de la antigüedad hasta el futuro. ¿Puede usted imaginarse a miles de familias mientras ascendían con anticipación a Jerusalén? La próxima escena se desarrolla dentro de las puertas de la ciudad. Visualice la Ciudad de David protegida por muros a su alrededor. Todo edificio adentro está pegado entre sí y muy compacto, reflejando una misma familia y comunidad. La próxima escena es la futura Jerusalén, con sus tronos (como tribunal judicial) en la casa de David. La última vista refleja los postreros días cuando Jerusalén disfrutará de completa paz, paz que alcanzará al resto del mundo, y la casa de Dios se convertirá en casa de oración para todas las naciones.

El próximo escalón en este ascenso gradual es el Salmo 123, donde el autor se encuentra en un lugar de desprecio y escarnio por parte de los que le rodean. Pero reconoce la presencia de Dios y espera recibir Su misericordia. “A Ti levanto mis ojos, ¡oh Tú que reinas en los cielos! Como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor, como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios hasta que se apiade de nosotros” (vs. 1-2).

El Salmo 124 relata la manera en que Dios salvó a Su pueblo de la destrucción. Termina diciendo: “Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (v. 8). Cuando enfrentamos problemas aparentemente insuperables, podemos clamar al que tiene todo el poder para rescatarnos.

El Salmo 125 dice que los que confiamos en Dios somos inconmovibles, y que el Señor nos tiene rodeados: “Los que confían en el Señor son como el Monte Sión, que es inconmovible, que permanece para siempre. Como los montes rodean a Jerusalén, así el Señor rodea a Su pueblo desde ahora y para siempre” (vs. 1-2). Aquí el autor dejó atrás todos los problemas que le asediaban para vivir en plena seguridad y en la paz del Señor.

El peregrinaje aquí ya no es un ascenso en la actualidad, según el Salmo 126, sino una reunión futura de los exiliados en la tierra de Israel: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría; entonces dijeron entre las naciones: ‘Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos.’ Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estamos alegres” (vs. 1-3).

El Salmo 127 nos recuerda que aparte de Dios, nada podemos hacer: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia” (v. 1). ¡Él lo hace todo en nosotros!

El principio del Salmo 128 expresa la verdad de que el temor del Señor es nuestro fundamento. Si le amamos, guardaremos Sus mandamientos: “Bienaventurado todo aquél que teme al Señor, que anda en Sus caminos” (v. 1). Vemos más sobre la bendición del Señor al final: “El Señor te bendiga desde Sión, veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida, y veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz sea sobre Israel!” (vs. 5-6).

El Salmo 129 es un cántico de victoria sobre los enemigos de Israel: “Sean avergonzados y vueltos atrás todos los que odian a Sión. Que sean como la hierba en los techos, que se seca antes de crecer; con la cual el segador no llena su mano, ni el recogedor de gavillas sus brazos. Que no digan los que pasan: ‘La bendición del Señor sea sobre ustedes; los bendecimos en el nombre del Señor’” (vs. 5-8).

A medida que seguimos ascendiendo, el Salmo 130 habla sobre cómo podemos tener nuestra esperanza en Dios. Cuando nos arrepentimos, Él nos perdona. Cuando clamamos a Dios en tiempos de prueba y tribulación, Él es nuestro auxilio: “Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza. Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana; sí, más que los centinelas a la mañana. Oh Israel, espera en el Señor, porque en el Señor hay misericordia, y en Él hay abundante redención; Él redimirá a Israel de todas sus iniquidades” (vs. 5-8).

El Salmo 131 fue escrito por David, y consiste de tres versos. Nos exhorta a que tengamos paz y esperanza mientras esperamos en el Señor:

“Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos; no ando tras las grandezas, ni en cosas demasiado difíciles para mí; sino que he calmado y acallado mi alma; como un niño destetado en el regazo de su madre, como un niño destetado está mi alma dentro de mí. Espera, oh Israel, en el Señor, desde ahora y para siempre.”

En el Salmo 132, leemos sobre cuánta importancia tiene Sión (Jerusalén) para Dios. Es el único sitio de entre todo el mundo donde Él estará para siempre. Eso explica por qué hay tanta guerra en torno a Jerusalén, tanto en lo espiritual como en lo natural. Sabemos que Jerusalén será “una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededor,” según vemos en Zacarías 12:2, porque Dios tiene un plan eterno para ese lugar tan especial. “Porque el Señor ha escogido a Sión; la quiso para Su habitación. ‘Este es Mi lugar de reposo para siempre; aquí habitaré, porque la he deseado’” (vs. 13-14).

Mientras continuamos nuestro ascenso, llegamos al Salmo 133. Quizás usted ya sienta el deseo de cantar o danzar delante del Señor. Este otro salmo de tres versos también fue escrito por David:

“Miren cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía. Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sión; porque allí mandó el Señor la bendición, la vida para siempre.”

Dios no se agrada de la división y contienda en Su pueblo, ya que ese no es Su plan para nosotros. Le agrada que vivamos juntos en armonía, paz y amor. Dios desea bendecirnos con esa comunión con Él y los demás, ahora y para siempre.

Al terminar de leer el último Salmo de Ascenso Gradual, el Salmo 134, quizás se encuentre parado con sus manos levantadas en adoración:

“Bendigan al Señor todos los siervos del Señor,
Los que sirven por la noche en la casa del Señor.
Alcen sus manos al santuario y bendigan al Señor.
Desde Sión te bendiga el Señor, que hizo los cielos y la tierra.”

En estos días nos puede rodear la inseguridad, pero podemos estar seguros en Dios y en Su Palabra. Cuando estamos con personas afligidas, podemos compartir esa esperanza tan anhelada con ellos. Pero quizás en estos momentos usted atraviesa momentos difíciles. Lea estos Salmos de Ascenso Gradual y anímese en su camino con el Señor.

Por Joanne Grosselin
Escritora de Puentes para la Paz



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